Psicoterapia infantil y juvenil

 Imagen de Noah Silliman

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Los métodos terapéuticos en la psicoterapia infantil tienen objetivos similares a los planteados con jóvenes y adultos. Sin embargo el abordaje es diferente, con una implicación directa de la familia y un gran protagonismo del juego con un uso terapéutico. El papel de los padres va mucho más allá que estar presentes en algunos momentos de la terapia, puesto que para conseguir los objetivos propuestos es recomendable dar continuidad a las pautas indicadas en terapia en el entorno familiar.

La primera sesión es gratuita y está orientada a una valoración del caso y una aproximación de como sería el proceso terapéutico. Abordamos la evaluación y el tratamiento de los problemas psicológicos del niño/a o adolescente desde sus propias características individuales y su entorno inmediato. Los motivos de consulta, varían de acuerdo a la franja de edad del menor:

En los niños y niñas en edad preescolar (de uno a seis años) los motivos más comunes de consulta refieren los problemas de conducta (comportamiento desafiante, berrinches, etc.), los miedos y la ansiedad (ansiedad de separación, terrores nocturnos, miedo a los entornos desconocidos, etc.) o el control de esfínteres (enuresis y encopresis).

En las niñas y niños en edad escolar (de siete a once años) las problemáticas más frecuentes surgen en la adaptación al medio escolar, la relación o integración con el grupo de iguales o la propia familia. Los motivos más frecuentes de consulta son problemas de conducta, ansiedad, estado de ánimo o trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad.

Ya en la preadolescencia (de 12 a 14 años), emergen problemas con la imagen, el rendimiento académico, la conducta alimentaria, conductas antisociales, integración en el grupo de iguales, etc.

La adolescencia implica una etapa de transición de la infancia a la edad adulta que conlleva un proceso de adaptación para las nuevas demandas planteadas por el contexto propio del adolescente. La adolescencia no es sinónimo de crisis, pero se trata de una etapa en la que hay que prestar especial atención. Muchas de las dificultades surgen a partir del proceso de construcción de la propia identidad, resultando en problemas para aceptar la propia imagen, trastornos de la conducta alimentaria, problemas de relación en el ámbito familiar, social o académico, ansiedad, estado anímico decaído, etc.