Depresión

La tristeza y la melancolía son dos sentimientos presentes en algún momento de la vida de todas las personas, al igual que la alegría y el placer. Lo que caracteriza un episodio depresivo (convirtiéndolo en patológico) es el mantenimiento prolongado de un estado de ánimo decaído que afecta a diferentes parcelas de la vida de la persona que la padece.

La depresión se caracteriza por un cambio negativo en el estado de ánimo, en el comportamiento y en la forma de pensar. En su forma más severa, la persona mantiene una sensación continuada de tristeza, sentimientos de poca valía, ausencia de capacidad para disfrutar o sentir placer (anhedonia), dificultades de concentración y alteraciones en la memoria, cansancio físico, alteraciones del sueño y del apetito, aumento o pérdida de peso y/o irritabilidad.

El duelo por la muerte de un ser querido, una enfermedad, accidente o separación pueden ser detonantes de un proceso depresivo. Sin embargo, la causa del trastorno no se corresponde necesariamente con la acumulación de acontecimientos trágicos. En muchísimas ocasiones la depresión tiene un comienzo paulatino, insidioso y difícil de identificar.

Es frecuente encontrarnos con personas que piensen que estar deprimido es una posición cómoda; es más fácil permanecer en la cama que lidiar con la realidad. De esta forma, esperamos que el paciente que actúe como una persona sana, obviando lo incapacitante que resulta como enfermedad. Eso sí, no debemos olvidar que la implicación del paciente y su adherencia al tratamiento son factores fundamentales para su recuperación.

Se trata de la enfermedad mental con mayor prevalencia en la población general. Las estadísticas indican que un mayor número de mujeres buscan apoyo psicoterapéutico. No obstante, este trastorno no entiende de género o edad. Puede afectar a niños y adolescentes, aunque la edad más frecuente de inicio se produce entre los 30 y los 40 años. En España se estima que cerca de un 15% la padecerá a lo largo de la vida. Este último porcentaje supera el 20% si incluimos otros trastornos relacionados como la distimia o trastorno depresivo persistente. La Organización Mundial de la Salud apunta que más de 350 millones de personas sufren depresión y anticipa se convertirá en una de las tres principales causas de incapacitación laboral en el mundo en el año 2030.

Síntomas de la depresión

La depresión afecta al estado anímico, el comportamiento y la forma de pensar de la persona. Los síntomas varían según el caso, a continuación se describen los signos más frecuentes y relevantes:

  • Estado anímico decaído, sensación de tristeza.
  • Pérdida de la capacidad de interesarse y obtener placer de lo cotidiano.
  • Disminución de la vitalidad y sensación de fatiga.
  • Disminución de la capacidad de atención y concentración
  • Inseguridad, culpabilidad y sentimientos de escasa valía
  • Pesimismo y desesperanza, o perspectivas negativas sobre el futuro.
  • Pensamientos y actos suicidas o autoagresiones
  • Alteración del sueño: insomnio o hipersomnia.
  • Alteración del apetito.

 

¿Existen varios tipos de depresión?

Es importante tener presente que cada persona construye su realidad de una manera diferente y por tanto existen innumerables formas de depresión. Asimismo, cada proceso depresivo surge, se desarrolla y debe tratarse de acuerdo a las particularidades individuales y las circunstancias de quien lo padece.

Desde una perspectiva clínica y con vistas a facilitar el diagnóstico se establecen varios subtipos:

  • Depresión mayor

El trastorno depresivo mayor es una forma de depresión severa que interfiere con la capacidad de una persona para comer, dormir, trabajar, estudiar o participar en las actividades diarias, como lo haría normalmente. La característica esencial es la manifestación un ánimo depresivo y la disminución del interés o placer por todas o casi todas las actividades por un período de al menos 2 semanas consecutivas. Un cuadro depresivo mayor puede dividirse en leve, moderado o grave.

  • Trastorno distímico

El término distimia fue utilizado por primera vez en la década de 1970 y refiere un estadodepresivo de carácter leve y crónico. También referido como trastorno depresivo persistente, los principales signos son una baja autoestima y un estado de ánimo melancólico, triste y apesadumbrado. Los síntomas, a pesar de provocar malestar psicológico, no llegan a cumplir los criterios diagnósticos de una depresión.

Diversos estudios epidemiológicos sitúan la distimia entre los trastornos mentales más frecuentes en la población occidental, afectando a cerca de un 1,5%. Al contrario que en otros trastornos psicológicos, existen importantes diferencias en cuanto a género, cuatro de cada cinco casos detectados son mujeres.

  • Trastorno afectivo estacional

El trastorno afectivo estacional (SAD, en sus siglas en inglés) es un tipo de depresión que surge durante los meses de invierno, cuando hay menos luz solar natural. Las personas que sufren de SAD suelen salir de su depresión durante los meses de primavera y verano.

  • Depresión posparto

La depresión posparto, es un tipo de depresión que se produce en algunas madres con inicio en el mes posterior al parto. Es muy posible que la depresión posparto sea causada por los grandes cambios que ocurren en los niveles hormonales. Los antecedentes depresivos, la percepción de escaso apoyo familiar o social o la edad son factores que parecen favorecer la posibilidad de padecer una depresión postparto.

  • Trastorno bipolar

El trastorno bipolar, se caracteriza por la presencia de episodios con niveles anormalmente elevados de energía y estado anímico junto con episodios alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la euforia y la desolación de una manera mucho más extrema que las personas que no padecen esta patología.

 

Por último, el DSM V incluye el duelo como un detonante de un proceso depresivo. El duelo patológico continúa sin constituir una etiqueta diagnóstica. Sin embargo, se considera duelo complicado cuando la reacción depresiva a la pérdida de un ser amado, por una ruptura o por su fallecimiento, se cronifica más alla de los meses. Si bien la reacción depresiva constituye una fase natural del proceso de duelo, este podría ser objeto de tratamiento psicológico cuando lejos de resolverse a través de la aceptación de la pérdida, evoluciona hacia el desarrollo de sintomatología propiamente depresiva.

 

¿Cómo se orienta el proceso psicoterapéutico?

Las personas que padecen depresión tienen dificultades para vislumbrar una salida, sin embargo, con el tratamiento adecuada es posible superarla. La terapia psicológica más empleada por su carácter específico y su eficacia es la terapia cognitivo-conductual. El proceso terapéutico combina dos componentes, uno cognitivo y relativo al pensamiento y otro conductual y relativo al comportamiento.

El componente conductual tendrá más peso en la parte inicial del proceso terapéutico y se orienta a la recuperación del nivel de funcionamiento del paciente previo a la depresión. El componente cognitivo está orientado a la exploración, valoración y modulación de aquellos patrones de pensamiento que por su carga negativa se sitúan en el origen o mantenimiento del episodio depresivo.

El apoyo social, la seguridad afectiva o simplemente el hecho de compartir actividades placenteras son aspectos clave en el proceso de recuperación del paciente. No obstante, las buenas intenciones y el cariño no convierten a amigos y familiares en psicoterapeutas. Un exceso de implicación puede provocar actitudes de dependencia, los intentos de quitar hierro al asunto pueden dar lugar a la banalización de la enfermedad y los esfuerzos por motivar pueden ser interpretados como críticas o reproches.

El proceso siempre se adecúa a cada persona. La duración de la terapia varía en función del tipo de depresión diagnosticada, la situación personal del paciente y su evolución. En caso de depresiones severas y cuando existe una gran afectación funcional, se tiende a aconsejar la combinación de psicoterapia y tratamiento farmacológico. Los antidepresivos no originan los efectos adictivos de otros fármacos prescritos como algunos ansiolíticos. Sí es cierto que, en algunos casos, una retirada brusca de los mismos puede originar síntomas de privación. Un tratamiento supervisado y una disminución paulatina de la dosis en el momento de la retirada evitan este tipo de consecuencias no deseadas.