El Trastorno Histriónico de la Personalidad

 Sara Montiel

Sara Montiel

A J. le gusta ser objeto de todas las miradas. Siempre, no sabe cómo, se las apaña para ser el centro de atención. Le encanta contar anécdotas, y aunque algunas contienen elementos reales, tiende a exagerar e incluso a apropiarse de vivencias ajenas. Le han dicho muchas veces que habla demasiado alto. Es muy seductora, le gusta su cuerpo y normalmente lleva ropa de una talla inferior a la recomendable. Le encanta mostrar selfies en Facebook e Instagram y observa con fruición el número de likes que recibe. Conoce a mucha gente y confunde fácilmente a amigos con conocidos. Es muy pasional, cambia de pareja con frecuencia. Defiende que es una enamorada del amor y se ha tatuado en hebreo “los amores más reñidos son los más queridos”. Lleva una vida muy ajetreada, le gusta estar siempre con gente y siente aversión a la rutina. Sin embargo, pocos saben que se siente sola y vacía.

El término ‘histriónico’ proviene en su etimología del latín ‘histrionĭcus’, referente al ‘histrión’ o actor de teatro grecolatino que con su disfraz, gestualidad y actuación entretenía al público.  La persona que padece trastorno histriónico de la personalidad (THP) es a menudo llamada teatrera, egocéntrica, vanidosa. Es Antoñita las fantástica, es el muerto en todo entierro, es el alma de las fiestas. Paradójicamente, el deseo exacerbado de ser aceptada y acogida por los otros le lleva a la disolución de su identidad y el vacío afectivo.

Ser histriónico, o un poco payaso, no significa padecer un THP. Un trastorno de la personalidad implica un patrón prolongado de comportamiento, emociones y pensamientos muy diferente a las expectativas del contexto cultural del individuo, que interfiere con su capacidad funcional, provocando malestar psicológico. El THP se caracteriza por una emotividad variable y una búsqueda constante de atención y aprobación externa, sustentadas ambas en una baja autoestima y escasa autonomía afectiva.

El THP comienza a manifestarse en la adolescencia o inicio de la edad adulta y se estima que afecta a entorno un 2% de la población. La mayoría de estudios indican una mayor prevalencia en las mujeres. Lo cual no indica que se trate de un trastorno típicamente femenino, simplemente que se produce un mayor número de diagnósticos.

La persona con este trastorno parece creer que vive una película y no tolera ser un actor secundario. Buscan la aprobación externa, y desean destacar a toda costa en su grupo de iguales. Son personas extrovertidas, locuaces y dicharacheras y su estilo de comunicación es manierista y exagerado.

A menudo, la fragilidad de su identidad es engalanada con un relato repleto de vivencias interesantes a los ojos de su interlocutor. Se preocupan por su atractivo físico, que muchas veces es sexualizado de una forma llamativa, y pueden resultar tanto magnéticas y atractivas para unos, como estrafalarias o extravagantes para otros. A pesar de su aparente diferencia, son maleables e influenciables. Como camaleones, son capaces de mimetizarse con opiniones, aficiones o vivencias ajenas con tal de ser aceptados o respetados.

Su egocentrismo dificulta que empatice con los problemas ajenos. Lo cual no implica que no lo intente, llegando incluso a pasarse algunos pueblos reclamando un papel coprotagónico como cuidador o salvador del doliente.

A la persona con THP le cuesta regular sus emociones; se ilusiona o frustra fácilmente, mostrándose lábil y superficial. A menudo, sus reacciones son percibidas por otros como exageradas o poco convincentes, incluso impostadas. Acostumbran a tener una escasa tolerancia a la frustración y su comportamiento es intenso e impulsivo, en ocasiones irracional. Tienen dificultades para dimensionar sus respuestas de forma adecuada y acostumbran a reaccionar con ira, o con entusiasmo exagerado, ante situaciones que para otros carecen de importancia.

La persona con trastorno histriónico tiene dificultades para tolerar el aburrimiento y la rutina. Sus dificultades de adaptación le llevan frecuentemente a idear e ilusionarse con nuevos proyectos de vida, a cambiar de trabajo, pareja o círculo de amigos.

Su vida afectiva es pasional, inestable y conflictiva. A menudo hay trazos de codependencia emocional, son personas enamoradizas y mantienen una concepción idealizada del amor. Es frecuente que en el inicio de sus relaciones sean encantadoras y entregadas, y en el transcurso se muestren progresivamente más demandantes y posesivas. Temen ser excluidas o rechazadas, cualquier atisbo de abandono es catastrófico. En ocasiones son manipuladoras e inmaduras, pueden montar escenas con tal de salirse con la suya o llegar a fingir enfermedades o malestar con tal de obtener cuidados o consuelo.

 

Diagnóstico y tratamiento

Desde un punto de vista clínico, el Manual Diagnóstico DSM V define el trastorno histriónico de personalidad como un patrón dominante de emotividad excesiva y búsqueda de atención, que comienza al principio de la edad adulta, y se manifiesta en diferentes contextos por cinco o más de los hechos siguientes:

  1. Se siente incómodo en situaciones en las que no es el centro de la atención.
  2. La interacción con los demás se caracteriza con frecuencia por un comportamiento sexualmente seductor o provocativo inapropiado.
  3. Presenta cambios rápidos y expresión plana de las emociones.
  4. Utiliza constantemente el aspecto físico para atraer la atención.
  5. Tiene un estilo de hablar que se basa excesivamente en las impresiones y que carece de detalles.
  6. Muestra autodramatización, teatralidad y expresión exagerada de la emoción.
  7. Es sugestionable (es decir, fácilmente influenciable por los demás o por las circunstancias).
  8. Considera que las relaciones son más estrechas de lo que son en realidad.

Las personas con THP a menudo buscan tratamiento cuando sufren ansiedad o depresión. Una vez se mitigan los síntomas ansiosos o afectivos, el tratamiento psicológico se orienta a la modulación a la mejora de competencias de regulación afectiva y conductual. No es adecuado hablar en términos de ‘curación’ sino de una mejor adaptación al contexto social y afectivo y a las exigencias cotidianas. Tampoco se trata de convertirse en otra persona, sino en modular aquellos rasgos (ej. histrionismo, dependencia, egocentrismo, etc.) que no son adaptativos. La identificación, exploración y análisis de esquemas de conducta, cognición o emoción en el pasado, desde la experiencia presente, es la clave del tratamiento.

Cuando el psicólogo/a identifica el trastorno, la alternativa más utilizada y también la más eficaz es la psicoterapia de corte cognitivo y ‘terapias de tercera generación’. En este grupo encontramos la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia dialéctico-comportamental (DBT) que constituyen los enfoques más exitosos en estos casos. Mientras la terapia cognitivo-conductual tradicional se centra en conseguir la resolución de problemas psicológicos a través del cambio comportamental, estos enfoques ponen el énfasis en la comprensión, aceptación y validación como punto de partida para conseguir el cambio. 

David Martín Escudero